PALABRAS EN LATOMA DE PROTESTA COMO PRESIDENTE DURANTE LA XXV ASAMBLEA GENERAL ORDINARIA DEL CNA


Hoy el sector agroalimentario mundial enfrenta condiciones no observadas en décadas. Los tiempos de los alimentos baratos han terminado y estamos ante lo que ha sido denominado por 53 jefes de Estado y de Gobierno, reunidos en Roma hace unos meses, como uno de los mayores desafíos que enfrentará la humanidad en los próximos años: una crisis alimentaria mundial.
Tema que ocupará los primeros lugares en la agenda de los gobiernos y de los diferentes tomadores de decisiones e, indudablemente, la mayor parte de su solución se explicará en el sector agropecuario.


Por lo tanto, el comportamiento del sector en el futuro inmediato tendrá repercusiones más allá de su propio ámbito. Una parte importante de la estabilidad social, económica y política dependerá de que los diferentes actores hayamos tomado las decisiones correctas e instrumentado las políticas públicas adecuadas.


Ante este entorno, hoy existen una serie de opiniones y recomendaciones generalizadas a nivel internacional. Queda claro que los gobiernos tienen que ponerse de frente al reto y actuar con celeridad. Que lo fundamental en el tema agroalimentario se centra en generar los incentivos que permitan aumentar lo más rápidamente posible la producción agropecuaria doméstica, garantizando el abasto nacional.


Y que esta crisis alimentaria puede constituirse en lo que los organismos internacionales han denominado la oportunidad histórica para que los países en desarrollo construyan un sector agropecuario sólido y generador de crecimiento económico en el largo plazo.


Como Consejo Nacional Agropecuario coincidimos con estas premisas generales y en nuestro ámbito de acción en los próximos meses, se va a centrar en dos objetivos fundamentales: de forma inmediata concentraremos nuestros esfuerzos en coadyuvar de manera proactiva en la estructuración del Presupuesto de Egresos de la Federación del 2009, para el sector agropecuario.


Consideramos de altísima importancia este punto, porque este presupuesto será el instrumento más poderoso de corto plazo que tengamos para aumentar la producción agropecuaria y de alimentos, garantizando el abasto necesario.


Será el presupuesto más relevante de los últimos años, por eso su construcción debe ser muy cuidadosa. No podemos tomar decisiones que no estén sustentadas en un análisis profundo y serio que garantice los resultados esperados.


Será fundamental trabajar en adecuar las reglas de operación a las distintas regiones del país y a las necesidades de cada subsector; en simplificar los trámites de colaboración con los diferentes actores, incluyendo los estados, a fin de agilizar la operación de los recursos.


Y deberá incluir las medidas de apoyo para los productores más afectados en este entorno, especialmente, los productores pecuarios, que en este momento están acusando una crisis que si no se atiende lamentaremos en el corto plazo.


En un segundo tiempo trabajaremos en aprovechar lo que ya hemos mencionado, la oportunidad histórica para nuestros países en el ámbito agropecuario.


La estructuración de un modelo de política pública a largo plazo que contenga las variables fundamentales y estructurales para nuestro sector, aquellas que explican la mayor parte de nuestra problemática y, por lo tanto, su solución.


Que signifiquen la base de un aumento de competitividad y, por lo tanto, la definición de nuestro sector a futuro, un sector competitivo, moderno, que sea la base de un abasto nacional de alimentos y a la vez un motor del desarrollo económico, y que nos brinde aquello que tienen todos los países con sectores agropecuarios que identificamos como exitosos: certidumbre en el tiempo, un marco de políticas públicas de largo plazo.


Evidentemente, todo lo mencionado debe de ser incluyente, porque el desarrollo del sector abarca a todos sus actores, a los pequeños, a los medianos y, ciertamente, también a los grandes, a toda la cadena primaria y agroindustrial.


Y aquí es fundamental no confundirnos; si el objetivo es reducir la dependencia alimentaria aumentando la producción doméstica, y construir un modelo de sector a largo plazo, todos los productores seremos importantes, así como todas las regiones del país.


Tenemos la oportunidad histórica de sentar las bases de un nuevo modelo para nuestro sector, de resolver nuestros viejos problemas, de aprovechar esta coyuntura para incorporar al desarrollo a muchos productores, a regiones enteras mejorando la equidad y generando nuevas oportunidades.

Es una oportunidad que podemos capturar o dejar pasar.


Somos una nueva generación, somos su generación, señor Presidente. Crecimos en un entorno de crisis económica, en un mundo que se globalizaba y en un sector donde observamos como nuestros padres enfrentaban cambios dramáticos y nuevas condiciones, muchas veces sin haberles dado la oportunidad de prepararse y la mayor parte de ellas sin haber sido tomados en cuenta.


Pero en este entorno aprendimos a competir, aprendimos el valor de la organización, la importancia del trabajo en equipo y, sobre todo, aprendimos la necesidad y porque no decirlo, la obligación de participar en la toma de decisiones, de las decisiones que afectan y determinan el futuro de nuestro sector, nuestro futuro, el de nuestras familias. Y sabemos que usted nos entiende, porque usted es resultado de esta misma forma de pensamiento y, por eso, señor Presidente, contamos con su liderazgo.


Finalmente, agradecer a mis amigos y amigas del Consejo, el haber decidido que coordine sus esfuerzos. No es más que eso.
Estoy consciente de la importancia de los tiempos y no les fallaremos.